“La Ruta del Perdón” Despertando desde el corazón.  Extracto de mi nuevo libro E-Book

September 6, 2017

 

 

 

 

Extracto de mi nuevo libro.

“La Ruta del Perdón” Despertando desde el corazón.  

 

El abuso sexual me hizo creer que Yo Soy el Poder de D-OS.

 

(Mi relato no es desde la víctima, sino desde el poder del perdón que me alimento el alma con certeza, donde solo el amor sana todas las heridas)

 

Cuando atraviesas por ese episodio de tu vida a los 7 años de edad, no sabes si llorar, gritarlo o como en mi caso, callar, porque no sabes si “eso” que te paso está bien o no, más aún cuando decirlo implica que no te crean  y mucho más criado en una sociedad machista como  en la que crecí,  donde te humillan, te vejan , se burlan de ti porque fuiste abusado o “pilateado” como solían gritarme después de todo aquello. Además imagínate familiarmente no sería propio decirlo puesto que “naciste para ser hombre” y  a los “hombres” no les suceden esas cosas de niñas.

 

Soltar, transmutar o desenmascarar la  falsa creencia de lo que significa el perdón y abrazar mis miedos me llevo mucho tiempo, fue un camino silente y doloroso, disfrazado por los flash de un ego temeroso y reactivo frente a un mundo donde lo único que nos muestra es caos, desolación, perdida y “ausencia del amor. Como le explico a mi niño interno que todo está bien, que todo está en perfecto orden para la ascensión de mi alma.

 

Crecí en un matriarcado, sin padre, pero con una mamá cuatriboleada que levanto un hogar y cinco muchachos, limpiando casa ajena, planchando y rezándole a la mano todopoderosa de D-os para que no les faltara nada a sus hijos.

 

Es difícil escribir de ese niño que fui yo. Comencé mi proceso de perdón a los 27 y después de soltar mis demonios, culpas y dolor logre perdonar. Ya hoy en día a punto de cumplir 53 años, un número infinito, por cierto, decidí observar hasta donde fui capaz de bajar al infierno para liberarme y verme frente a frente a un espejo sin cadenas de dolor y vergüenza.

Nací en Caracas, vivía en un barrio popular llamado “Los Manolos”, era de esos barrios donde todos se conocen. Un barrio  caraqueño en plena formación. Eran dos calles principales con muchas casas de diferentes colores, muchas estaban levantando paredes en construcción, se veían a los hombres echando platabandas en muchas de ellas, todo era muy activo, la gente se le veían ganas de progresar, también recuerdo que la gente escuchaba música en la calle los fines de semana, mientras algunos hombres  disfrutaban tomando cerveza y jugando una partida de dominó en la calle, las muchachas se sentaban en el “poste” o esquina de la segunda calle a criticar, fantasear como seria vivir fuera, o tener dinero e incluso pelear entre ellas por celos sobre algún novio, aunque tiempo después todo pasaba y volvían a ser “amigas”. 

 

Era un barrio muy pintoresco, muchos olores a comida salían de las casas entre los callejones mientras yo caminaba a la bodega a comprar algo que mi mama nos mandaba a mi hermana y a mí con una lista y un cuaderno donde se anotaban “ los fiados”, que eran las cuentas de lo que se pagaba a final de quincena.

 

Celebraban las reinas de carnaval, se montaban tarimas decoradas con muchos globos de colores y cadenas de papel que adornaban la primera calle. Todo el barrio salía a disfrutar la fiesta, era un despliegue de creatividad entre las participantes y las familias que apostaban todo para que su hija ganara la corona.  La verdad, yo era feliz, feliz dentro la estrechez en la que vivíamos, aunque realmente nunca nos faltó nada porque mi mamá se partía la espalda , como dicen,  para ser papá y mamá de sus cuatro hijos.

 

Aún cierro los ojos y logro ver tantas cosas que allí viví, las navidades, las hallacas y los dulces de lechoza y los aguinaldos de casa en casa, los cantos a la virgen en la iglesia, recuerdo, hasta los novenarios que le hacían a los difuntos, repartían chocolate, caldo de pollo, galletas soda y los hombres se pegaban unas borracheras de tanto ron que tomaban. Nunca entendí que rezaban y si era verdad que el muerto bajaba las escaleras de la casa esa última noche. Y para que lo hacía? Todo era una gran aventura para mí. 

 

Recuerdo a las novias, si, cuando alguien se casaba en el barrio, era todo un acontecimiento, todos esperábamos para ver salir a la novia vestida de blanco con su gran velo y la cola larga que siempre algún perro se interponía en el camino mientras la novia sonreía nerviosa y todos gritábamos; - Viva la Novia!!!

 

Fue tan intenso lo que viví allí que recuerdo el terremoto, yo jugaba a la plancha con mi hermana cuando la cas se empezó a mover y un estruendoso ruido venia de todas partes. Gritos se escuchaban, gente llorando y yo asustado cuando la señora petra se quedó atorada en la puerta en pleno temblor y todo porque era muy gorda, si, mis hermanos y la señora Elba quien nos cuidaba en ese momento le daban patadas para desatorarla, al final lo logramos, nos montaron en un Volkswagen negro todos apachurrados y fuimos a casa de mis tíos donde velaban a mi abuelo Jesús María,(Moncho Brujo), así le llamaban, curandero, chaman y visionario. Un alma elevada que predijo dicho terremoto meses antes.

 

Tantos recuerdos, tantos días contando las horas para salir temprano a la escuela y no toparme con ninguno de “Ellos”.   Corría a esconderme detrás de los carros o saludaba a cualquier adulto que fuera caminando hacia la segunda calle donde yo vivía para que “Ellos” no me volvieran a agarrar y someterme como aquel día.

 

No puedo negar que todo lo que allí viví quedo tatuado en mi alma, sin saber que todo aquello seria la herramienta perfecta para despertar.

 

Volviendo al barrio. Era bonito pedirle la “Bendición” a cuanta señora mayor saludara a mi mama en la calle, uno sentía que tenía muchas tías, madrinas y abuelas en todas partes.

 

Era un barrio muy sano aunque ya se empezaban a formar los primeros fumadores de marihuana, jóvenes hambrientos por descubrir mundo y buscar fortuna fácil, recuerdo sus nombres y me produce un sentimiento de compasión infinita, eran almas que solo pedían a gritos un abrazo, querían ser amor pero no encontraron respuestas porque preguntaron en un mundo de preguntas. Ellos eran Changuito y Tomas ramón, el Paisita, rápidamente se convirtieron en líderes del barrio, causaban temor en muchos, en otros respeto, todos murieron en manos de la policía, se perdieron en el vicio. 

 

Recuerdo las rifas de lotería, los juegos de Bolas criollas que se hacían los fines de semana detrás de mi casa.  Si, en el “Zanjón”, así le llamaban a ese campo o pequeño bosque que se convirtió en terreno de juego, era una especie de quebrada seca, allí fue donde todo paso.

 

Entre los hombres mayores y los jóvenes limpiaron el terreno, cortaron ramas, montes y  lo acondicionaron para jugar béisbol y bolas criollas.  

 

Como dije este terreno quedaba justo detrás de mi casa, es decir mi mamá se asomaba por la ventana a cada rato para vigilar que yo estuviera bien, al final de cuentas yo era el más pequeño del grupo de muchachos que jugaban béisbol.

 

Tenía apenas 7 años y la verdad yo lo único que quería era compartir con los más grandes, sentirme que era importante y que ya estaba creciendo, que podía aprender a jugar y batear como ellos aunque siempre me sentía relegado, sentía como murmuraban entre ellos cuando mi mama gritaba; - Richard sube que ya es tarde. Y yo muy nervioso le respondía; – Un ratico más mama, déjame un ratico mas…   Quizás debí subir.

 

A los 7 ya era bien presumido, “El Catire”, así me llamaban muchos, porque era casi de cabello rubio.      A esa edad comencé directo en la escuela en Primer grado, porque ya sabía leer y escribir, cosa que me había enseñado mi mamá en casa.  Desde entonces  ya comenzaba mi ambición por irme a vivir a AMERICA. Amaba ver en televisión series como “El zorro”  y “Superman” que era mi favorito, allí descubrí el Empire State Building de New York y justo así comencé a soñar con venir a vivir aquí.  Tenía todo lo que quería a pesar de ser bien humildes mi mama nos enseno valores, respeto y deseos por triunfar y ser mejores cada día. 

 

La verdad nunca pensé sería capaz de confesar algo así, nunca ni siquiera imagine que tendría la suficiente valentía de decirlo a mis amigas, ya de adulto. Pero hoy quiero compartirlo contigo, ¿sabes porque? porque al liberarme yo, te libero a ti y libero a todos del abuso, de la forma que sea, psicológico, sexual, verbal, político, religioso, racista, del nombre que sea, es abuso y para elevar nuestra conciencia colectiva es importante reconocer que “eso” que le paso al otro, yo también soy responsable.

 

Perdonar cuando te enseñan en la escuela y  en la ‘iglesia” que el único que perdona es D-os y que tú eres un pecador, no te ayuda en tu proceso.

 

Viví lleno de asco, de culpa, de rabia e impotencia pero había algo dentro de mí que me decía que todo iba a estar bien. Esa voz, si LA VOZ dentro de mí fue mi gran guía, mi aliada, mi apoyo y sobre todo mi llave para perdonar de verdad.

 

Te invito a leer mi nuevo libro “ La Ruta del Perdón” Despertando desde el corazón.  Próximamente en AMAZON en E-Book. (Lo puedes leer online)

 

Lo siguiente de este relato esta en mi nuevo libro, te contare en detalle no solo este hecho, te hablare de mis tropiezos, mis búsquedas, mis excesos, mis espejos, mis pasos al despertar, mi infierno y mi cielo, todo el proceso de la mente al corazón.

 

Un libro para reflexionar sin juicios, sin etiquetas de víctima. Es sanándome como puedo sanar el mundo. Haz lo propio tú!!!